"Seguro" (original). Cuatro: "Seguro" [Blogs colaboradores]

Wolas, gente~.

Ya leyeron los capítulos anteriores, ¿no es así? Ya es hora de llegar al final.

XD Fue toda una aventura. Desde lo que me costó escribir el primer capítulo, el desastre de la entrada programada que no se publicó, el jugueteo con los narradores, la vida... (?).

Otra vez, le pido perdón a Lu. xD Espero no causarte demasiados problemas, mujer. :D Al menos la historia es corta, ¿no?

... xD Perdón.


Para este capítulo, quise seguir jugando con el narrador. Eso, y tenía que incluir el fragmento de un diario, así que... bueno, vean cómo me resultó:
Toc, toc, toc.

Quien sea que está al otro lado de la puerta vuelve a tocar, y él no puede hacer más que seguir mirando con una mezcla de asombro y miedo la madera que se erige a un metro de distancia, separándolo del exterior.

Nadie lo visita. Mucho menos sin avisar. No a él.

Si no hubiera cubierto la mirilla con pintura, varias capas de papel negro (un poco más de las necesarias, debe admitir) y cinta adhesiva hace mucho tiempo, ahora podría ver quién está afuera. No hay nada que pueda hacer al respecto: velar por su seguridad tiene ciertos sacrificios.

Suspira, tratando de calmarse e ignorar el hecho de que su corazón parece luchar por salir de su pecho.

Estoy en casa. Estoy seguro”.

Quiere saber quién está afuera sin exponerse ni hacerles saber que él está adentro. No puede hablarles o mirar a través de la ventana, y piensa que quizás debería considerar la opción de cambiar los vidrios por unos tintados.

Toc, toc, toc.

Del otro lado de la puerta, dos hombres y una mujer esperan. Los varones miran a la tercera, expectantes, y ella les indica con una señal que deben ser más pacientes. Que sabe que él está ahí dentro.

Que no tiene dónde más estar.

Vuelve a tocar.

Llevan ya un tiempo ahí y no han recibido respuesta alguna desde el interior. La casa parece desierta. Uno de ellos suspira. Los vecinos comienzan a reunirse alrededor de la escena, comentando entre sí.

Aún hay silencio y ambos sujetos se miran de reojo, pensando que quizás la señora tiene más esperanza que certeza de que a quien buscan está ahí. Que quizás no hay nadie a dentro.

Un minuto más pasa.

—Señora, no podemos perder más tiempo.
—Lo entiendo. Déjeme intentar una vez más, por favor. —Se acerca aún más a la puerta y sus nudillos se vuelven a encontrar con la madera—. Soy yo. Sé que estás ahí. Abre… por favor.

Al interior, los ojos del hombre se abren con sorpresa. ¿Qué hace ella, entre todas las personas, ahí? ¿Por qué? ¿Es acaso ella, o…?

No puede ser.

¿Verdad?

Están jugando con su mente. Lo sabe. Aún así, no puede evitar responder.

—¿Qué haces aquí?
—Vine a buscarte. Sonabas… preocupado ayer. Pensé que venir era mejor que llamarte, ¿no? Así puedes verme.
—Eso no prueba nada.
—Soy yo.

Estoy en casa, estoy seguro”.

—¿Cómo puedo saberlo?
—¿Acaso no me escuchas?
—Los sentidos engañan. —Escucha un ruido sordo del otro lado cuando Carla apoya su frente en la puerta. Está agotada. Suspira.
—No sé cómo funciona esto. ¿Quieres que te diga algo que sólo yo puedo saber o…? —Interpreta el silencio como una afirmación. Toma unos momentos para pensar—. Cuando tenías nueve rompiste el jarrón favorito de mamá mientras jugábamos, y me hiciste jurar que no lo diría a nadie. Lo que fue inútil, porque tú mismo le dijiste todo en cuanto ella preguntó. No sabes mentir. Lloraste en mi boda, cuando terminaba de arreglarme y fuiste a felicitarme. Estábamos solos. Cuando te volví a ver en la ceremonia, no habían rastros de que momentos atrás eras un desastre… —No puede evitar reír ante el recuerdo. Vuelve a suspirar—. Hace meses algo te pasó y crees que algo o alguien está atrás tuyo, aunque no sabes qué podrían querer de ti. No fuiste al funeral de mamá por eso.
—Eso último lo puede saber quien nos haya escuchado hablar ayer.
—¿Pueden saber que aún guardo rencor por eso? Para su cumpleaños, te odié. Porque ella ya no estaba y tú desapareciste. Porque no fuiste a despedirte de ella en su lecho de muerte, a pesar de todas las veces que te llamé y todos los mensajes que te dejé. A veces la recuerdo, y aún te odio. Soy yo. Ábreme.
—Vete.
—¡Ábreme!  —Golpea la puerta con ambos puños, lágrimas corriendo por su rostro.

El silencio vuelve a la escena, y Carla comienza a perder las esperanzas. Es su hermano, tiene que salvarlo. Nota entonces los susurros de los vecinos.

Segundos después, se escucha cerrojos correrse. Sus acompañantes se preparan. La puerta se abre.

—Carla… —comienza a decir, pero la frase queda en el olvido cuando ve que ella no está sola. El sentimiento de traición se refleja en su mirada e intenta cerrar la puerta, pero es detenido.
—Lo siento.

Él corre hacia el interior. Los intrusos entran, los dos hombres lo persiguen y la otra se queda en la entrada, mirando al suelo.

No era así como quería que terminara. Tenía fe en que él admitiría tener un problema y lograría que la internación fuera pacífica y voluntaria.

—¡Carla! —grita al ser apresado. Salen de la habitación para encontrarse con la mirada llorosa de la aludida, que parece estar clavada en su lugar—. ¿Por qué, Carla?
—Necesitas ayuda —susurra, quitando la mirada. Sus ojos se posan en el espejo a su lado, y escucha a su hermano inhalar con sorpresa.
—Fue el retrato, ¿cierto? Usaron el retrato para vigilarme.
—¿De qué estás hablando?
Del retrato, Carla. No finjas inocencia, está justo ahí. —Aún forcejeando indicó con su cabeza al espejo. Ella tardó unos segundos en entender.
—Necesitas ayuda —repite, otra vez en un susurro.

La gente ve cómo los dos hombres logran subir a la fuerza a su vecino a la furgoneta en la que llegaron. Ambos se suben en los asientos delanteros, y la mujer en silencio se sube atrás junto a su hermano, ahora inconsciente.

El viaje le resulta largo, el papeleo interminable. Ver a su hermano entrando a ese psiquiátrico le rompe el corazón. Pero está convencida de que hizo lo que tenía que hacer.

Al llegar a su casa arrastra los pies hasta su cama y cae rendida. Quiere llorar. En el velador puede ver su diario, aún abierto en la entrada que escribió el día anterior.

“02/Abril.

Al fin pude hablar con él. Siento que lo perdí; al escucharlo… simplemente no es el mismo.

Mamá, ¿qué harías tú si vieras a tu hijo así?

Me he enterado de que tiene problemas en el trabajo, si sigue así puede perderlo. Antes era feliz, ¿qué fue lo que pasó? Ni siquiera sé cuándo comenzó.

Me asusta. Pero ya no puedo ignorarlo ni pretender que todo se solucionará eventualmente por arte de magia. Tengo que hacer algo.

Es mi deber protegerlo, ¿no? Después de todo, soy la hermana mayor. Mamá así lo hubiera querido.

Dame fuerzas, mamá.

Sólo quiero que esté seguro”.
:D ¿Qué dicen? ¿Quedó bien? Éeeeeste sin duda es el capítulo más largo xD.

Intenté que en cada capítulo se fuera mostrando más la paranoia del pobre hombre sin nombre xD. ¿Sí me resultó? ¿Se lo esperaban?

Me divertí mucho jugando con el narrador. Si bien los dos primeros capítulos usan la primera persona, la idea era presentar al protagonista en el primero como una persona que está siendo perseguida, cuya vida peligra. Desde su perspectiva, el peligro es real, por lo que (se supone) nada debería parecer "sospechoso".

Mi intención al usar frases más cortas en el segundo era dar la sensación de que el narrador no quería decir/pensar mucho... en caso de que quien sea que lo persigue tenga cómo acceder a eso y usarlo en su contra o algo así. A su vez, exponerlo, mostrarlo como vulnerable. Eso y (aunque en un inicio no deberían saberlo) cómo se percibe a sí mismo.

En el tercero no usar narración, introducir a Carla como la voz de la razón que hiciera contraste e insinuar que en realidad el protagonista está pasando por eso solo, que puede que en realidad no todo sea como él dice. Que quizás está exagerando xD.

Y ahora en el cuarto usando la tercera persona, como para mostrar todo "desde fuera" y que se puedan ver las cosas como son. O: Y el diario de Carla, claro. Hacer un enlace al segundo capítulo, para demostrar que la visión de la realidad del pobre hombre estaba un poooooco distorcionada, con ese retrato que en realidad es el espejo que debía incluír en esta ronda (¡chan! xD). No sé si hice bien el nexo, tho. ¿Quizás quedó muy apresurado?

Tampoco estoy segura del todo sobre cómo llevé el tema la supervivencia. xD Quise tomarlo de un modo más... abstracto, si es que esa es la palabra. El protagonista  sentía que su vida estaba en peligro y  trataba de sobrevivir al peligro que creía que lo rodeaba.

... ¿Sí vale? .o.

¿Fue ameno leerlo? O: Si me dicen qué opinan, podría regarlarles una isla o algo cuando domine el mundo ;).

Aiko fuera!!

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